El duro precio de ser buena persona

He visto a buenos líderes perder el sueño por esto. (esta semana llevo 3 casos)

No por los malos resultados, ni por los conflictos de equipo. Tampoco por las decisiones estratégicas difíciles. Sino por tener que decidir qué hacer con alguien que es buena persona. Punto.

Puntual. Leal. Querido por todos. Pero que no encaja en lo que la empresa necesita ahora. Y ahí aparece la lucha que nadie nombra en los libros de management:

¿Cuánto vale la bondad de una persona en una ecuación de rendimiento?

¿Tiene el sistema derecho a expulsar lo que no mide?

¿O el líder tiene la obligación de ser honesto aunque duela?

No hay respuesta limpia. Solo líderes que la esquivan y líderes que la afrontan.

Los segundos duermen peor a corto plazo. Pero construyen culturas más honestas a largo.

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