Cada cierto tiempo aparece una palabra nueva en el mundo del liderazgo.
Primero fue engagement. Luego propósito. Después bienestar.
Ahora toca liderazgo compasivo.
Y la reacción suele ser inmediata:
— ¿Compasivo? ¿Eso no es ser blando?
— ¿No estamos para tomar decisiones duras?
Buena señal.
Cuando una palabra incomoda, suele estar señalando algo que falta.
¿Qué es realmente el liderazgo compasivo?
No es buenismo.
No es evitar conflictos.
No es preguntar “¿cómo te sientes?” y seguir igual.
El liderazgo compasivo es la capacidad de tomar decisiones exigentes teniendo en cuenta el impacto humano de esas decisiones.
Ni más. Ni menos.
Un líder compasivo no baja el listón.
Lo que baja es el nivel de miedo innecesario.
La pregunta incómoda
¿Por qué tantas personas rinden más cuando se sienten vistas, escuchadas y tratadas con respeto… y aun así seguimos liderando como si eso fuera irrelevante?
La respuesta está en el título:
👉 porque liderar con compasión obliga a hacerse cargo del impacto que generas.
Y eso no siempre apetece.
El gran malentendido
Muchas organizaciones confunden:
- Compasión con debilidad
- Exigencia con dureza
- Autoridad con control
El liderazgo compasivo rompe ese triángulo.
Exige más al líder: más consciencia, más coherencia, más responsabilidad emocional.
Por qué este tema conecta con los otros dos
No hay liderazgo compasivo sin una mínima dimensión espiritual (aunque no le pongas ese nombre).
Y no hay equipos realmente conscientes si sus líderes operan desde el miedo o el ego.
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